UNA EXTRAÑA. Fue una extraña en la gran tempestad, Ante mis ojos pasó el mal vendaval, Para ella sólo fue como algo, como en su pubertad. Temerosa cual doncella medieval. Del horizonte, ve sus horas como del cristal, Una honda ansiedad, de presagios crueles, En sus desvaríos ve, algo muy fatal, Tiene sus manos, sólo un rojo clavel. Así en su progresiva insania, ora y bendice, A aquel que en su mundo fue su galán, Por no entrar en juego, de quien la contradice. Puede ser, que del gran padre eterno, Llegue un día, los favores y compasión, Pues de la vida, paz es del amor Sagrado, Del éter, en su alma brillará una canción. Volver la calma después de tempestades, Ser la musa adorada en los versos, Luz en su camino reflejar bondades, Plétora de dichas en amores confesos. Inocencio Pando Palacios. Registros Dinapi. py.

Publicado por Hino Pando

intelectual autodidacta

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